viernes, 11 de noviembre de 2016

Un año más tarde, nuevo intento

Al año siguiente me volví a presentar, y tras bastante tiempo sin escribir nada hice esto para participar en la nueva edición del concurso. Esta no salió tan bien, ni siquiera sé en qué puesto quedé, pero la verdad es que yo personalmente estoy más orgulloso de este que del anterior. Aviso para lectores, este es bastante cursi xD

Aquella mañana Bianca Mercatore se había levantado exultante: el baile no la dejaba pensar en nada más desde que fue anunciado como parte del carnaval de aquel año. Todo ese color, esa alegría, la música flotando sobre los canales, los hábiles bailarines…pero Marco era la gran razón, sobre todo Marco. Ambos sabían que la suya era una causa perdida, que su padre lo tildaría de simple amorío juvenil, que ya le encontraría un marido…pero ella sólo sabía que no podía alejarse mucho tiempo de él, y que cada vez que tenía una posibilidad se escabullía al puerto, a pedirle a algún niño que anduviese por los callejones que fuese a llamarle al astillero para volverle a ver, para perderse juntos y no volver hasta la noche, para ser reprendida después por el aya Doménica mientras pensaba que había valido la pena. Mientras entraba del brazo de su hermano Cesco en el salón de baile alcanzó a ver un rostro conocido en el otro, en el de la gente humilde, que se reunía al otro lado del Gran Canal en la fiesta más popular de la ciudad. Al cruzar sus miradas, Marco esbozó una amplia sonrisa y señaló al callejón más alejado del gentío, a lo que ella contestó asintiendo con alegría.-¿Qué haces, Bianca? - inquirió Cesco-¿Eh? Nada, nada - contestó ella rápidamente, soltándose de su brazo para comenzar la gran danza, que duraría hasta altas horas de la madrugada, con los atentos observadores borrachos como cubas y muchas de las inocentes y virginales muchachas que por allí bailaban entregándose a cualquier mercenario suficientemente atractivo. Pasaba de un bailarín a otro como una abeja vuela de flor en flor, escrutando sus rostros mientras giraban al compás de la música, ignorándolo todo y pensando sólo en cuándo podría huir del gran salón para reunirse con Marco. Y, de repente, su oportunidad se presentó. Cesco parecía haber cautivado a una muchacha de largo pelo rizado, y le clavaba la mirada como si bebiera de sus ojos. Bianca se imaginó que la chica estaría encantada con su hermano. Mientras tanto, su padre estaba hablando con un hombre de vestimenta estrafalaria, probablemente un extranjero en busca de negocios.Ella, por su parte, fue avanzando hacia la puerta principal, por donde salió al frío de la noche de febrero. Se encaminó, a través del puente, rodeando el baile del exterior, hacia el callejón donde se encontraba Marco. Torció cuando vio a dos duelistas enzarzados en una lucha a muerte por alguna razón absurda, y cuando llegó, Marco estaba allí, con un aire preocupado en su rostro, como si la hubiese esperado un buen rato.-Has tardado - dijo él, cambiando su mueca por una media sonrisa-Lo sé, no quería arriesgarme a dejar que mi padre me viese salir - se excusó ella-No entiendo qué problema tenéis los ricos de juntaros con la gente normal  - se quejó él-Yo tampoco, caro - dijo ella, al tiempo que él se inclinaba para besarla.Sus labios se unieron, y, sin pensarlo siquiera, metió su lengua en su boca, bailaron como si aún estuvieran en los salones y no en un sucio callejón, y, de repente, Marco se separó bruscamente.-¿Qué pasa? - se sorprendió ella, mientras se estiraba las amplias mangas del vestido-Yo…-murmuró Marco- me…Me voy a ir de Venecia-¿Cómo? ¿Por qué?- se alarmó Bianca -Nápoles lleva meses en guerra, y hoy ha llegado un reclutador buscando mercenarios, y me he dado cuenta de que no quiero ser  un aprendiz toda mi vida, quiero conocer la victoria y la gloria, quiero vivir, Bianca.-¿Y yo me quedaré aquí con mis sedas y con mi padre presionándome para que me case con tal comerciante o tal marqués, mientras tu guerreas por ahí, cuando ni siquiera sabes coger una espada?-Bianca, entiéndeme…-¡No quiero entenderte, no quiero saber nada de ti! - gritó, mientras se levantaba airada -¡Partiremos mañana al amanecer! - alcanzó a oír Bianca, pensando que no iría a verleY aún así, al alba del día siguiente, allí estaba, despidiéndose de Marco.-Te juro que volveré, y entonces quizá pueda comprar tierras, y nos iremos al campo.-Sí, claro - dijo, cansada, Bianca.-¡Volveré contigo! - gritó Marco desde el carro que se le llevabaY nunca más le volvió a ver.

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